Construido antes del siglo X, a las faldas del Monte Musiné y a la entrada del Valle de Susa, el castillo de Camerletto, granja fortificada de la abadía de Novalesa, ha sido testigo del paso de la historia por sus muros.

Los primeros documentos remontan antes del año mil y confirman la propiedad del castillo a la abadía, después de un período de abandono debido a las correrías saracenas. Los cimientos son quizás mucho más antiguos: el hallazgo en el 1700 de un campo de urnas durante la excavación de una bealera (canal de irrigación medieval) en las cercanías, hace pensar a un puesto de guardia pre-franco a cuidado de la via principal del valle y el primer nombre del castillo "Castrum Merletum" nos envía a un acampamento militar romano.

La granja fortificada se ocupó de la explotación agrícola de un amplio territorio alrededor del castillo, que se extendia hasta la colina morénica de Rivoli.

En el siglo XVII los Benedictinos de la Novalesa decidieron que los Cistercienses, llamados Foglianti, se encargaran de su cuidado. Serán ellos los responsables de la actual sobriedad de la estructura arquitectónica.

Al principio del siglo XIX fué propiedad de la familia Ferrero de Ponsiglione, condes de Borgo d’Ale, de los que queda el recuerdo en el escudo de armas gentilicio recuperado en el techo a bóveda sobre la escalera principal.

Pasado el dominio a los misioneros de la Consolata, que lo transformaron en seminario y escuela artesanal, desde la mitad de los años 50 pertenece a la familia Paschero que con pasión y entusiasmo se está preocupando de su restauración. La larga historia del castillo, caracterizada por períodos de ampliaciones y momentos de destrucción en los diferentes conflictos, es responsable de la estratificación arquitectónica del inmueble que lo hace particularmente original e interesante.